El ladrón y su madre

 
Un joven adolescente robó un libro a uno de sus compañeros de escuela y se lo mostró a su madre. Ella no solamente se abstuvo de castigarlo, sino más bien lo estimuló. A la siguiente oportunidad se robó una capa y se la llevó a su madre quien de nuevo lo alabó. 

El joven creció y ya adulto fue robando cada vez cosas de más valor hasta que un día fue capturado en el acto, y con las manos atadas fue conducido al cadalso para su ejecución pública. 

Su madre lo siguió entre la multitud y se golpeaba violentamente su pecho de tristeza. Al verla el ladrón dijo: 

- Deseo decirle algo a mi madre en su oído. 

Ella acercó su oído a él, y éste rápidamente mordió su oreja cortándosela. Su madre le reclamó que era un hijo desnaturalizado y malvado, a lo que él replicó: 

- ¡Ah!.... Si me hubieras reprendido en mi primer robo del libro aquel, nunca hubiera llegado a esto y ser condenado a una ingrata muerte.


Al nuevo árbol se le endereza tierno para que crezca derecho

 


 

 
 
Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús 
 

2  Timoteo  3:  15

 
Silas, el compañero de labor de Pablo, era un obrero probado, dotado con el espíritu de profecía; pero la obra que debía hacerse era tan grande, que se necesitaba preparar más obreros para el servicio activo. 

En Timoteo, Pablo vio uno que comprendía la santidad de la obra del ministerio; uno que no desmayaba frente al sufrimiento y la persecución; y que estaba dispuesto a ser enseñado. Sin embargo, el apóstol no se atrevió a asumir la responsabilidad de darle a Timoteo, un joven inexperto, una preparación en el ministerio evangélico, sin satisfacerse antes plenamente respecto a su carácter y su vida.

El padre de Timoteo era griego y su madre judía. Desde la niñez había conocido las Escrituras. La piedad que vio en su vida de hogar era sana y cuerda. La fe de su madre y de su abuela en los oráculos sagrados era para él un constante recuerdo de la bendición que acarrea el hacer la voluntad de Dios. 

La Palabra de Dios era la regla por la cual esas dos piadosas mujeres habían guiado a Timoteo. El poder espiritual de las lecciones que había recibido de ellas conservó puro su lenguaje y evitó que le contaminaran las malas influencias que le rodeaban. Así las que le instruyeron en el hogar habían cooperado con Dios en prepararlo para llevar responsabilidades.

Pablo vio a Timoteo fiel, firme y sincero, y lo escogió como compañero de labor y de viaje. Las que habían enseñado a Timoteo en su infancia fueron recompensadas viendo al hijo de su cuidado unido en estrecho compañerismo con el gran apóstol. 
Timoteo era sólo un joven cuando fue escogido por Dios como maestro; pero sus principios habían sido tan bien establecidos por su primera educación que era digno del puesto de ayudante de Pablo. Y aunque joven, llevó sus responsabilidades con mansedumbre cristiana...

Pablo amaba a Timoteo, su  " hijo en la fe "      ( 1  Timoteo  1:  12 ).  El gran apóstol sondeaba a menudo al discípulo más joven, preguntándole en cuanto a la historia bíblica; y al viajar de lugar en lugar, le enseñaba cuidadosamente cómo trabajar con éxito. Pablo y Silas... trataban de ahondar la impresión... de la sagrada y seria naturaleza de la obra del ministro evangélico.

En su trabajo, Timoteo buscaba constantemente el consejo y la instrucción de Pablo. No actuaba por impulso, sino con reflexión y serenidad, preguntando a cada paso: ¿Es éste el camino del Señor? 
El Espíritu Santo encontraba en él uno que podía ser amoldado y modelado como un templo para la morada de la divina Presencia.
Las lecciones de la Biblia, al entretejerse en la vida diaria, tienen una profunda y perdurable influencia en el carácter. Estas lecciones las aprendía y practicaba Timoteo. 

La educación que se imparte en el hogar no debe considerarse como un asunto de importancia secundaria Ocupa el primer lugar en toda verdadera educación. Los padres y las madres han recibido la responsabilidad de moldear las mentes de sus hijos. 
Cuán alarmante es el aforismo que dice: "Árbol que crece torcido, su tronco nunca endereza". 
Debe aplicarse a la formación de nuestros hijos. Estos árboles tiernos han de formarse con cariño, a fin de que puedan trasplantarse en el huerto del Señor. Por ningún motivo debe descuidarse la educación en el hogar.

La obra de la madre es la tarea que Dios le dio: criar a sus hijos en disciplina y amonestación del Señor. El amor y el respeto a Dios debieran mantenerse siempre ante sus tiernas mentes. Cuando se los corrija, hay que enseñarles a sentir que es Dios quien los amonesta, y que le desagradan el engaño, la mentira y la maldad. 
De este modo, las mentes de los pequeños pueden estar tan conectadas con el Creador que todo lo que hagan o digan tendrá referencia a su gloria; en años posteriores no serán como una caña agitada por el viento, oscilando siempre entre las inclinaciones y el deber.

Si durante sus años tiernos la mente de los niños se llena de imágenes placenteras de verdad, de pureza y de bondad, se formará en ellos el gusto por lo que es puro y elevado, y su imaginación no será fácilmente corrompida o contaminada. En cambio, si se sigue la conducta opuesta, si la mente de los padres se espacia continuamente en escenas viles, si su conversación se explaya sobre rasgos defectuosos de carácter, y si forman el hábito de quejarse por la conducta de otros, los pequeños aprenderán las palabras y expresiones de desprecio, y seguirán el ejemplo perjudicial. En su vida futura, esa mala impresión se adherirá a ellos como una mancha de lepra.

Las semillas sembradas en la infancia por una madre cuidadosa y temerosa de Dios producirán árboles de justicia que florecerán y darán fruto. Las lecciones dadas por precepto y por ejemplo por un padre temeroso de Dios, con el tiempo producirán, como en el caso de José, una cosecha abundante.
¿Analizarán los padres su obra de educar y adiestrar a sus hijos, y considerarán si han cumplido todo su deber con esperanza y fe para que estos niños lleguen a ser una corona de gozo en el día del Señor? 

¿Habrán trabajado por el bienestar de sus hijos de tal manera que Jesús, mediante el don de su Espíritu, al mirarlos desde el cielo pueda santificar sus esfuerzos? 

Padres, de ustedes depende el preparar a sus hijos para ser de máxima utilidad en esta vida, y para compartir con ellos al final la gloria que ha de venir.

 

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él "
 

Proverbios  22:  6

 

Las influencias educativas de la vida hogareña constituyen un poder decisivo para el bien o para el mal. Estas influencias en muchos aspectos son silenciosas y graduales,  si se las ejerce en favor de lo correcto, son de gran valor. Cristo vino a este mundo para ser nuestro modelo, para mostrar por precepto y por ejemplo los caracteres que deben tener todos los que componen la familia de Dios. 
Vino a bendecir y a salvar a la raza humana, y a elevar a los hombres y las mujeres para que sean hijos e hijas de Dios. Por esto se humilló a sí mismo descendiendo paso a paso desde la más elevada hasta la más humilde de las posiciones.

Es una tarea solemne y seria cuidar de aquellos por quienes Cristo murió, enseñar a los hijos a no malgastar sus afectos en las cosas de este mundo, a no disipar tiempo y esfuerzo en lo que es menos que nada. 

Las madres deben ser alumnas de la escuela de Cristo a fin de educar correctamente a sus hijos. El poder de Jesús la capacita para hacer esa obra y mucho más.
 

La langosta de mar y su madre

No andes atravesada y no roces tus costados contra la roca mojada, - decía una langosta marina a su hija.

Madre, - repuso ésta,- tú, que quieres instruirme, camina derecha y yo te miraré y te imitaré.

Antes de dar un consejo con tu palabra, primero dalo con tu ejemplo. )